Mientras la humanidad gasta miles de millones en telescopios espaciales para mapear las autopistas cósmicas y los confines del universo, la mayor infraestructura biológica de nuestro propio planeta ha permanecido en el anonimato, operando en absoluto silencio justo bajo nuestros pies. Un consorcio internacional liderado por la organización SPUN ( Society for the Protection of Underground Networks ), en colaboración con el Instituto de Biofísica AMOLF de los Países Bajos, acaba de publicar el primer mapa mundial de la red subterránea de hongos micorrízicos. Los datos cuantitativos de este estudio no pertenecen a la biología tradicional; pertenecen, por derecho propio, a la escala de la macroingeniería y la astrofísica: esta gigantesca red viva mide aproximadamente mil millones de veces la distancia entre la Tierra y el Sol (lo que equivale a unos 110 cuatrillones de kilómetros de filamentos o hifas). El hardware de la biosfera Para procesar y estimar la inabarcable magnitud de este e...