Hace unos 9.000 años, Europa vivió una transformación que cambiaría para siempre la historia humana: la llegada de la agricultura. No fue un proceso espontáneo ni aislado, sino una auténtica revolución tecnológica que viajó con grupos de pobladores desde el Mediterráneo oriental hasta las costas atlánticas. Un nuevo estudio del CSIC ha logrado reconstruir, con una precisión inédita, las dos grandes rutas migratorias que permitieron esta expansión. El equipo de la Institución Milà i Fontanals (IMF-CSIC), tras más de una década de investigación, ha analizado cerca de 50.000 piezas líticas procedentes de 80 yacimientos de Grecia, Italia, Francia, España y Portugal. Entre ellas destacan las primeras hoces neolíticas, herramientas clave para comprender cómo se difundieron las técnicas de siega y, con ellas, la propia agricultura. Lo fascinante del estudio es que demuestra que la expansión agrícola no siguió un único camino, sino dos rutas complementarias que avanzaron a ritmos distintos ...
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