En el corazón de Antequera, sobre una loma que domina el valle del Guadalhorce, se alza uno de los logros más extraordinarios de la ingeniería prehistórica europea: el dolmen de Menga , construido entre 3800 y 3600 antes de la Era Común . No es solo un sepulcro monumental: es un proyecto arquitectónico sin precedentes, una obra que combina conocimiento geológico, control del peso, planificación espacial y una comprensión sorprendentemente avanzada del comportamiento de materiales blandos y moderadamente blandos. El estudio reciente publicado en Science Advances propone una reinterpretación radical: Menga no es un simple monumento megalítico , sino un proyecto científico y técnico cuidadosamente diseñado , único en la Europa neolítica. Un paisaje elegido con precisión El emplazamiento no es casual. Menga se sitúa en un punto estratégico donde confluyen: Recursos geológicos excepcionales , incluidos materiales para herramientas, pigmentos y, crucialmente, rocas aptas para megalitos. Una...