La imagen tradicional del Neolítico en el Egeo de pequeñas aldeas, cerámica incipiente, domesticación de plantas y animales, suele dejar fuera un elemento clave: la manipulación activa del agua. Un nuevo estudio interdisciplinar sobre las zanjas neolíticas de Tesalia y Macedonia (Reingruber & Toufexis, 2026) revela que, mucho antes de los grandes sistemas hidráulicos del Próximo Oriente, las primeras comunidades agrícolas del Egeo ya estaban modificando el terreno para gestionar el agua.
Y no de forma simbólica ni defensiva, sino con un propósito muy concreto: regar, drenar y sostener cultivos en un paisaje cambiante.
Un paisaje lleno de zanjas que nadie entendía del todo
Aunque las zanjas neolíticas se conocen en Tesalia desde la década de 1950, durante décadas su interpretación estuvo fuertemente condicionada por la herencia de la arqueología de entreguerras, lo que llevó a catalogarlas como estructuras defensivas, límites de carácter simbólico o meros accidentes estratigráficos.
Sin embargo, este nuevo trabajo demuestra que estas estructuras son muchísimo más frecuentes de lo que se creía. El cambio de paradigma ha sido posible gracias a las prospecciones geofísicas, una tecnología que permite visualizar planos completos de los asentamientos sin necesidad de excavar. Como bien resume una frase del propio artículo: «Casi todos los yacimientos investigados estaban parcial o completamente rodeados por al menos una zanja».
Con todo, lo más fascinante de este hallazgo no es su abundancia, sino su estratégica posición: de manera casi sistemática, las zanjas aparecen ubicadas en el flanco del asentamiento más cercano a un río, arroyo o paleocauce.
¿Defensa? ¿Ritual? No: gestión del agua
El estudio propone una reinterpretación radical: las zanjas del Neolítico temprano y medio (6500–5500 antes de la Era Común) no eran murallas ni límites ceremoniales, sino infraestructuras hidráulicas.
¿Para qué servían?
Este enfoque encaja con modelos agrícolas como el de Andrew Sherratt (1980), que defendía la importancia de cultivos de verano sembrados justo después de las crecidas.
Elateia 1: un asentamiento disperso con ingeniería hidráulica
El caso más espectacular del estudio es Elateia 1, un asentamiento de 10 hectáreas ubicado en el noreste de Tesalia y datado entre los años 6000 y 5800 a. e. c. Gracias a la combinación de magnetometría, topografía de dron y análisis espacial en GIS, los investigadores han logrado reconstruir con gran precisión su organización interna, revelando una sofisticada obra de ingeniería hidráulica.
El complejo está articulado en torno a una gran zanja perimetral de unos 400 metros de longitud, 6 metros de ancho y al menos 2 metros de profundidad. Esta estructura discurre por los flancos este y norte del asentamiento, justo donde el terreno desciende de manera natural hacia antiguos cursos de agua. Además, el asentamiento cuenta con una red de zanjas interiores y transversales que lo dividen en distintas zonas funcionales, separando claramente las áreas de cultivo y almacenamiento de los espacios de trabajo y las zonas residenciales.
Esta distribución revela un patrón sumamente sugerente: la zanja no estaba diseñada para proteger las viviendas, sino para salvaguardar los espacios abiertos dedicados al cultivo. De este modo, Elateia 1 se presenta como un sistema hidráulico completo, concebido para captar agua del arroyo Tsantarli, distribuirla por gravedad a lo largo del asentamiento y evacuar de manera eficiente el exceso hacia un escarpe natural. En definitiva, nos encontramos ante un asombroso sistema de riego y drenaje diseñado hace 8000 años.
Agricultura intensiva antes de la agricultura “a gran escala”
El modelo que emerge de estas investigaciones nos sitúa ante una horticultura sumamente intensiva en lugar de una agricultura de grandes extensiones. Se trataba de una gestión basada en parcelas pequeñas y próximas a las viviendas, caracterizada por un riego estrictamente controlado, ciclos de cultivo rápidos (como los cereales de verano) y que prescindía por completo del arado.
Esta escala tan localizada explica perfectamente la naturaleza dispersa de los asentamientos, la total ausencia de deforestaciones masivas en el registro polínico y la enorme cantidad de herramientas líticas destinadas a la cosecha y al procesado de grano halladas en el entorno.
Tecnología, cooperación y vida social
Excavar un volumen de tierra de miles de metros cúbicos empleando únicamente herramientas de madera, hueso y piedra astillada dista mucho de ser una tarea sencilla. Los autores estiman que una obra de este calibre requirió unas 14 400 horas de trabajo, el equivalente aproximado a 600 jornadas completas de una sola persona.
Semejante esfuerzo logístico implica, de forma inevitable, la existencia de dinámicas de trabajo colectivo, una cuidadosa planificación a largo plazo, coordinación intergeneracional y una sólida toma de decisiones comunitaria. De este modo, la ingeniería hidráulica no solo transformó físicamente el paisaje, sino que se convirtió en el eje vertebrador de la propia estructura social.
¿Qué cambia con esta reinterpretación?
Este giro interpretativo subvierte varias de las ideas preconcebidas sobre el Neolítico egeo:
Un Neolítico más ingenieril: Revela que el dominio técnico y la gestión activa del agua fueron prioritarios desde fases muy tempranas de la neolitización.
Infraestructuras, no defensas: Desmitifica la idea de las zanjas como murallas primitivas o fosos de guerra, resituándolas como complejas infraestructuras agrícolas.
Sistemas optimizados: Demuestra que el carácter disperso de estos asentamientos no era sinónimo de "pobreza" o sencillez organizativa, sino la plasmación de un diseño óptimo para sostener un modelo de horticultura intensiva altamente eficiente.
Podemos concluir que Las zanjas neolíticas del Egeo no son simples marcas en el suelo: son la huella de una tecnología hidráulica temprana, diseñada para domesticar el agua en un paisaje de arroyos, abanicos aluviales y crecidas estacionales.
Son, en esencia, las primeras obras públicas agrícolas de Europa, que nos recuerdan que la ingeniería antigua no empieza con los acueductos romanos ni con los canales mesopotámicos, sino con comunidades pequeñas que, hace 8000 años, ya sabían que controlar el agua es controlar la vida.
Fuente: Reingruber, A. y Toufexis, G. 2026. "Ditches and their possible use in early gardening practices in the Aegean (6500–5500 calBC)". Journal of Archaeological Science: Reports, 73, 105779. DOI: https://doi.org/10.1016/j.jasrep.2026.105779
Imagen 1: El ámbito egeo con la ubicación de Elateia 1 y de los asentamientos neolíticos mencionados en esta contribución (A. Reingruber)
Imagen 2: Fragmentos de zanjas lineales y ligeramente curvadas del Neolítico temprano y medio. Imagen superior: Sesklo A con las estructuras I y III en el suelo natural. Imagen inferior: Paliambela-Kolindros.


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