Los gatos llevan miles de años viviendo con nosotros, pero su historia evolutiva seguía llena de lagunas. Un estudio publicado en Science presenta el análisis genómico más amplio realizado hasta la fecha sobre gatos domésticos, gatos salvajes y restos arqueológicos felinos, revelando cómo se formó la relación humano–gato, cómo se mezclaron sus linajes y cómo la domesticación moldeó, o no, su genética.
El resultado es una historia sorprendente: los gatos son, en muchos sentidos, los animales menos domesticados entre los domesticados.
Un linaje que apenas se dejó domesticar
A diferencia de perros, caballos o vacas, los gatos muestran una domesticación muy ligera. El estudio demuestra que:
La mayoría de los rasgos felinos modernos ya estaban presentes en los gatos salvajes.
La domesticación no produjo grandes cuellos de botella genéticos.
Los gatos conservaron una diversidad genética muy alta.
Esto sugiere que los humanos no seleccionaron activamente a los gatos durante milenios: fueron ellos quienes se acercaron a los asentamientos humanos para aprovechar los graneros y el control de plagas.
Dos grandes linajes, un mismo gato doméstico
El análisis genómico identifica dos linajes principales:
Felis silvestris lybica (Norte de África y Oriente Próximo)
Felis silvestris silvestris (Europa)
El gato doméstico moderno procede casi exclusivamente de lybica, el linaje que acompañó a los primeros agricultores del Creciente Fértil.
El estudio muestra cómo, con la expansión humana:
Los gatos viajaron por rutas comerciales.
Se mezclaron con poblaciones locales.
Pero mantuvieron una sorprendente coherencia genética global.
Hoy, un gato de Tenerife, Tokio o Nueva York es genéticamente muy similar.
Viajeros involuntarios por el mundo
Los restos arqueológicos analizados revelan que los gatos:
Llegaron a Europa con los agricultores neolíticos.
Se expandieron por el Mediterráneo con fenicios, griegos y romanos.
Alcanzaron Asia y África oriental por rutas marítimas.
Se dispersaron por el mundo en la Edad Moderna gracias a barcos mercantes.
Los gatos fueron, literalmente, la primera especie globalizada por accidente.
¿Qué rasgos sí cambiaron con la domesticación?
Aunque la domesticación fue suave, el estudio identifica algunos cambios:
Mayor docilidad (genes asociados a comportamiento social).
Patrones de pelaje que se hicieron comunes solo en época medieval.
Adaptación a dietas ricas en almidón, pero mucho menos marcada que en perros.
El famoso patrón “atigrado clásico” (blotched tabby) es relativamente reciente: aparece de forma masiva en los últimos mil años.
Gatos modernos: diversidad, mezcla y salud
El estudio también analiza gatos actuales, tanto domésticos como ferales, y encuentra:
Alta mezcla genética entre poblaciones urbanas.
Poca diferenciación entre razas modernas (muchas son muy recientes).
Señales de consanguinidad en razas cerradas.
Riesgos de pérdida de diversidad si se intensifica la cría selectiva.
Los gatos de la calle, en cambio, mantienen una diversidad genética muy saludable.
Una historia que conecta biología, arqueología y convivencia
Este estudio es especialmente interesante porque:
Combina genómica, arqueología y movilidad humana.
Muestra cómo una especie puede domesticarse sin perder su esencia salvaje.
Revela que la relación humano–gato es más simbiosis que domesticación.
Ilustra cómo los animales acompañaron, y moldearon, la historia humana.
Los gatos no fueron domesticados por nosotros ya que fueron ellos quienes aprendieron a vivir con nosotros sin dejar de ser ellos mismos.
Fuente: M. De Martino et al. “The dispersal of domestic cats from North Africa to Europe around 2000 years ago”, Science. DOI: 10.1126/science.adt2642


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