Un experimento del CSIC y la Universidad de Kiel ha demostrado algo fascinante: cuando observamos cerámica griega, nuestros ojos siguen patrones que reflejan tanto la complejidad del objeto como la evolución cognitiva y cultural de las sociedades que lo crearon.
Para Orbeautomata, donde exploramos cómo los artefactos antiguos revelan formas de pensar, este estudio es oro puro: une arqueología, neurociencia y estética para entender cómo interactuamos con la materialidad del pasado.
Un experimento que sigue la mirada
El proyecto XSCAPE (Mentes Materiales) utilizó eye‑tracking para registrar cómo distintas personas observaban:
Imágenes y modelos 3D de cerámica griega.
Piezas reales de la exposición Entre Caos y Cosmos del Museo Arqueológico Nacional.
¿Qué nos dice esto sobre la mente humana?
El estudio demuestra que:
Existen estrategias cognitivas compartidas para explorar visualmente objetos culturales.
Estas estrategias pueden medirse, cuantificarse y compararse.
La complejidad del arte está relacionada con la complejidad de la sociedad que lo produjo.
Los estilos artísticos evolucionan siguiendo patrones que ahora pueden estudiarse con datos objetivos.
En otras palabras: la cerámica griega no solo es arte; es un mapa de cómo pensamos.
La cerámica como laboratorio cognitivo
La cerámica griega es ideal para este tipo de estudios porque:
Está excepcionalmente bien documentada y conservada.
Representa una evolución estilística clara en un periodo relativamente corto.
Permite comparar cómo cambia la percepción cuando el estilo cambia.
El experimento mostró que observar una pieza real en el museo genera patrones de mirada muy similares a observar su versión digital. Esto ayuda a mejorar:
La presentación museográfica.
La comprensión del impacto visual en el público.
La forma en que se diseñan exposiciones.
¿Por qué es importante?
Este estudio demuestra algo que nos encanta: los objetos antiguos no son solo restos del pasado, sino extensiones de la mente humana.
La cerámica griega, con sus figuras negras, rojas, escenas mitológicas y geometrías precisas, no solo cuenta historias: moldea la forma en que miramos, pensamos y procesamos el mundo.
Este experimento abre un nuevo campo: estudiar la evolución del arte como un fenómeno cognitivo, no solo estético.
Fuente: CSIC

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