En el corazón de Antequera, sobre una loma que domina el valle del Guadalhorce, se alza uno de los logros más extraordinarios de la ingeniería prehistórica europea: el dolmen de Menga, construido entre 3800 y 3600 antes de la Era Común.
No es solo un sepulcro monumental: es un proyecto arquitectónico sin precedentes, una obra que combina conocimiento geológico, control del peso, planificación espacial y una comprensión sorprendentemente avanzada del comportamiento de materiales blandos y moderadamente blandos.
El estudio reciente publicado en Science Advances propone una reinterpretación radical: Menga no es un simple monumento megalítico, sino un proyecto científico y técnico cuidadosamente diseñado, único en la Europa neolítica.
Un paisaje elegido con precisión
El emplazamiento no es casual. Menga se sitúa en un punto estratégico donde confluyen:
Recursos geológicos excepcionales, incluidos materiales para herramientas, pigmentos y, crucialmente, rocas aptas para megalitos.
Una llanura fértil, clave para sostener a la comunidad constructora.
Una conexión simbólica con la Peña de los Enamorados, hacia cuya cara norte se orienta el eje del dolmen.
La orientación no solo es paisajística: también es astronómica. En el solsticio de verano, la luz ilumina selectivamente el lado derecho de la cámara, mientras el izquierdo permanece en sombra. Un diseño intencional, complejo y cargado de significado.
El Dolmen de Menga siempre ha sido considerado un hito de la prehistoria, pero un nuevo análisis geoarqueológico acaba de demostrar que es, además, una obra maestra de la ingeniería civil temprana. Con sus 24,9 metros de largo y una cámara que alcanza los 3,45 metros de altura, el monumento está formado por 32 bloques colosales que suman un total de 1140 toneladas. Entre ellos destaca la cobija C-5, una descomunal losa de techo de 150 toneladas; la piedra más grande jamás movida en la península ibérica durante el Neolítico. Sin embargo, lo más fascinante no es su descomunal tamaño, sino la sofisticada tecnología y planificación que permitieron levantarlo hace 6000 años.
Leer la roca como un libro de historia
Para descifrar los secretos de su construcción, los investigadores aplicaron un minucioso análisis basado en tres pilares: los ángulos de los planos, la profundidad de las cimentaciones y la polaridad estratigráfica (un concepto clave que permite identificar qué lado de la piedra correspondía al "techo" y cuál al "suelo" en la cantera original). Gracias a este enfoque, el equipo ha logrado reconstruir el orden exacto de colocación de cada piedra y comprender la razón por la que el monumento se encuentra parcialmente enterrado.
Las propias rocas hablan a través de su geología. Los bloques (u ortostatos) conservan fósiles, marcas de bioturbación y cantos alineados que revelan su orientación original. Al analizarlos, los científicos descubrieron un patrón asombroso: en Menga, la cara visible que mira hacia el interior de la cámara corresponde sistemáticamente al "suelo" del estrato original de la cantera. Esto demuestra que los constructores neolíticos extrajeron, transportaron y encajaron cada bloque manteniendo su orientación natural. No fue una casualidad; sabían perfectamente que respetando esa disposición maximizaban la estabilidad del monumento y evitaban fracturas internas.
Una cámara trapezoidal diseñada para sostener gigantes
El diseño arquitectónico de Menga desafía la idea de que la construcción neolítica era rudimentaria. Los bloques de las paredes no están colocados de forma vertical, sino que presentan una inclinación hacia el interior de entre 84° y 86°.
Además, estas piedras se apoyan lateralmente las unas en las otras, creando un ingenioso sistema de cuñas. Esta estructura trapezoidal cumple un doble propósito maestro: por un lado, actúa como un contrafuerte que evita los desplomes hacia el interior y, por otro, distribuye de manera óptima el peso de las colosales losas del techo. Es este preciso cálculo empírico el que ha permitido que la cámara permanezca intacta y estable durante seis milenios.
El secreto del transporte: trineos, cuerdas y gravedad
Uno de los grandes misterios de Menga siempre ha sido el traslado de semejantes masas de piedra. El estudio aporta luz sobre este punto al localizar la cantera en el Cerro de la Cruz, situado a 850 metros de distancia. El detalle crucial es la altitud: la cantera se encuentra 50 metros más alta que el lugar del monumento, lo que significa que el transporte fue descendente.
El trabajo descarta por completo el uso de rodillos de madera; la roca de la zona es demasiado blanda y el peso de los bloques las habría triturado durante el trayecto. La opción más viable y eficiente fue el uso de trineos gigantes deslizándose sobre pistas de madera prefabricadas, un proceso controlado mediante complejos sistemas de cuerdas y equipos humanos altamente coordinados para frenar y dirigir la carga en la pendiente.
La secuencia de montaje, paso a paso
Al cruzar los datos de los ángulos y la polaridad, la investigación ha logrado desvelar el cronograma real que siguieron los constructores:
Excavación: Se preparó el terreno mediante el vaciado de terrazas escalonadas en la colina.
Paredes: Se encajaron primero los ortostatos del fondo y los laterales.
Soportes: Se insertaron los pilares internos para asegurar el vano central.
Techado: Se montaron progresivamente las grandes losas del techo (capstones), avanzando desde la entrada hacia el fondo.
Sellado: Se cubrió toda la estructura con un túmulo de tierra y piedras, un paso esencial que terminó por estabilizar el conjunto frente a las presiones del terreno.
Ciencia temprana y genio creativo
El Dolmen de Menga está lejos de ser una obra "primitiva". El estudio demuestra que aquellas sociedades neolíticas poseían un profundo conocimiento de la geología local, dominaban la física de los grandes pesos y diseñaban estructuras complejas con una precisión milimétrica. Supieron integrar en un único proyecto monumental el paisaje, la orientación astronómica y un profundo simbolismo. Menga es, en definitiva, la prueba física de que la ciencia, la planificación tridimensional y el genio creativo ya caminaban de la mano en nuestra prehistoria.
Fuente: José Antonio Lozano Rodríguez et al., "Early Science and Colossal Stone Engineering in Menga, a Neolithic Dolmen (Antequera, Spain)", Science Advances, 2024
Imagen: Localización y interior del dolmen de Menga. (A) Vista panorámica de la ciudad de Antequera, con la ubicación de la cantera del Cerro de la Cruz, los dólmenes de Viera y Menga, el tholos de El Romeral y las Piedras Blancas en la Peña de los Enamorados. (B) Entrada a Menga. (C) Interior del dolmen visto desde el segundo pilar. (D) Interior de Menga, con los tres pilares actualmente conservados. (E) Cámara del dolmen. Créditos: (A) y (B) corresponden al autor principal; (C) y (E) fueron proporcionadas por el Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera en nombre de la Junta de Andalucía (Miguel Ángel Blanca de la Rubia); (D)

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