Durante décadas, la pregunta parecía sencilla: ¿cómo detectan las palomas el campo magnético terrestre? La respuesta siempre se buscó en los lugares habituales: el ojo (criptocromos), el oído interno, el pico (magnetita), el cerebro. Pero un nuevo estudio publicado en Science desmonta todas esas hipótesis de un plumazo. La brújula de las palomas no está en la cabeza , sino en un lugar inesperado: los macrófagos del hígado capaces de detectar el campo magnético terrestre. Es decir, usan sus células inmunitarias , ni neuronas, ni receptores sensoriales clásicos. Un descubrimiento que cambia el mapa de la biología sensorial Los investigadores demostraron que: Las palomas poseen macrófagos hepáticos que contienen estructuras sensibles a variaciones del campo magnético. Cuando el campo cambia, estos macrófagos alteran su actividad fisiológica . Esa señal se transmite al sistema nervioso a través de rutas viscerales, no sensoriales. Al bloquear o eliminar estos macrófagos, las palomas pier...