Bajo nuestros pies existe una fuente de energía constante, limpia y disponible las 24 horas del día. No depende del sol, ni del viento, ni de estaciones. Es el calor interno de la Tierra: la geotermia.
Aunque su potencial es enorme, sigue siendo una gran desconocida. El CSIC, a través del trabajo de la geóloga Cristina de Santiago Buey, recuerda que apostar por ella no es solo una decisión tecnológica: es una inversión en resiliencia, soberanía e independencia energética.
Una energía que siempre está ahí
La geotermia aprovecha el calor almacenado en la corteza terrestre. No hace falta excavar hasta el núcleo ya que los primeros metros del subsuelo ya contienen energía térmica estable, regulada por la propia roca y por el calor solar acumulado.
Según el CSIC, esta estabilidad convierte a la geotermia en una de las renovables más fiables:
Es, en esencia, un recurso silencioso y cercano.
De los géiseres a las ciudades: cómo funciona
Los volcanes, géiseres y fumarolas son la cara espectacular del calor terrestre, pero la geotermia moderna no necesita paisajes volcánicos.
Existen dos grandes usos:
Alta temperatura (>150 °C) → generación eléctrica
Baja temperatura (<30 °C) → climatización eficiente de edificios, invernaderos, piscifactorías o redes urbanas
La primera planta geotérmica comercial del mundo se inauguró en Larderello (Italia) en 1913. Hoy, esa región cuenta con más de 30 plantas que abastecen a un millón de hogares.
La revolución discreta: la bomba de calor
La investigadora del CSIC lo dice sin rodeos: la bomba de calor es “el tercer mejor invento de la humanidad, después de la cama y la rueda”.
Y no es exageración: este dispositivo permite mover calor de un lugar a otro con una eficiencia extraordinaria.
Comparada con la aerotermia:
Ese pequeño detalle cambia todo:
menos salto térmico = menos esfuerzo = menos consumo eléctrico.
Por eso la geotermia es tan eficiente para climatizar viviendas, hospitales, campus universitarios o industrias.
Fuente: CSIC
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