En el mundo actual conviven unas 7.500 lenguas, pero este número no es más que un eco de lo que alguna vez fue un complejo y vibrante mosaico lingüístico. Un reciente modelo demográfico, publicado en la revista Science, ha logrado reconstruir la trayectoria de las lenguas durante los últimos 12.000 años, desmintiendo la idea de un declive constante o atribuible únicamente al colonialismo moderno.
Para aquellos que exploramos la historia y los sistemas complejos aquí en Orbeautomata, la evolución de nuestras lenguas funciona como un mapa inigualable sobre cómo las sociedades crecen, compiten y, en muchas ocasiones, son asimiladas.
El auge hacia el máximo de la diversidad
Según la investigación liderada por el investigador Damián Blasi, el inicio del Holoceno (hace unos 12.000 años) contaba con menos lenguas que hoy, estimándose entre 4.500 y 6.200. Sin embargo, a medida que la población mundial comenzó a crecer, la diversidad lingüística se disparó de manera paralela.
El punto culminante de esta expansión, la verdadera "edad de oro" de las lenguas, se sitúa hace apenas entre 3.000 y 1.000 años. Durante esa época, se calcula que llegaron a coexistir decenas de miles de idiomas simultáneamente. Nuestra especie logró un nivel de complejidad comunicativa y divergencia cultural sin precedentes.
El colapso antes de los imperios coloniales
A este apogeo le siguió un colapso dramático. En ciertos momentos de los últimos tres milenios, el ritmo de desaparición de las lenguas superó incluso las previsiones más pesimistas para el año 2100. Lo más llamativo de estos datos es que contradicen la idea tradicional de que el declive empezó con el colonialismo moderno o con la invención de la agricultura.
Si bien los modelos demográficos no apuntan a una causa única, los investigadores asocian este rápido declive a la Edad de Hierro. Es en esta época cuando aparecen las primeras grandes unidades políticas y los imperios. El contacto intensivo entre poblaciones de escalas demográficas muy dispares provocó que grupos más pequeños y frágiles fueran eliminados o absorbidos por estas grandes entidades. Las expansiones no solo exportaban poder militar, sino que imponían procesos de homogeneización lingüística que aún perduran en la actualidad.
Evidentemente, el colonialismo posterior aceleró drásticamente este proceso mediante políticas que favorecían idiomas concretos, forzando migraciones y propagando enfermedades que diezmaron comunidades enteras. Pero la crisis y la pérdida cultural venía gestándose desde hacía miles de años.
¿Qué perdemos cuando desaparece un idioma?
La supervivencia de una lengua a lo largo de la historia no ha dependido de su eficiencia o de lo útil que fuera, sino de las ventajas políticas, tecnológicas (como armas militares) o inmunológicas de las poblaciones que las hablaban. Al desaparecer una lengua, perdemos mucho más que un vocabulario.
Como indica Damián Blasi, hemos perdido probablemente la mayor parte de la diversidad lingüística desarrollada durante cientos o miles de generaciones. Con estas extinciones desaparecen también valiosos conocimientos científicos del medio, prácticas religiosas, sistemas de parentesco, formas de organización social y concepciones filosóficas únicas. Al final, las 7.500 lenguas supervivientes hoy son tan solo una pequeña muestra sesgada que limita radicalmente nuestras teorías sobre la auténtica riqueza de la naturaleza humana.
Referencia del estudio: Damian Blasi et al. “The rise and fall of language diversity through the Holocene”. Science, 2026. Fuente principal de la entrada: Agencia SINC

Comentarios
Publicar un comentario