En la narrativa histórica tradicional, las grandes obras del mundo antiguo suelen adscribirse a reyes, dinastías o divinidades. Los escribas, astrónomos y artesanos, las mentes reales tras los complejos calendarios, las alineaciones arquitectónicas y los registros del tiempo, solían quedar diluidos en el anonimato del conocimiento colectivo o del mandato divinizado. Sin embargo, un estudio publicado en la revista Antiquity por los investigadores Franco D. Rossi, David Stuart y Heather Hurst rompe esta inercia al identificar, por primera vez en la historia de la epigrafía maya, el trabajo firmado de un matemático del siglo VIII. Su nombre era Sak Tahn Waax («Zorro de Pecho Blanco»), y su firma ha sobrevivido pintada en las paredes del sitio arqueológico de Xultún, en la selva de Guatemala. Estructura 10K-2 de Xultún: La pizarra de una élite intelectual El hallazgo no se localizó en una estela monumental concebida para la propaganda política de la corte, sino en el interior de ...