En la narrativa histórica tradicional, las grandes obras del mundo antiguo suelen adscribirse a reyes, dinastías o divinidades. Los escribas, astrónomos y artesanos, las mentes reales tras los complejos calendarios, las alineaciones arquitectónicas y los registros del tiempo, solían quedar diluidos en el anonimato del conocimiento colectivo o del mandato divinizado.
Sin embargo, un estudio publicado en la revista Antiquity por los investigadores Franco D. Rossi, David Stuart y Heather Hurst rompe esta inercia al identificar, por primera vez en la historia de la epigrafía maya, el trabajo firmado de un matemático del siglo VIII.
Su nombre era Sak Tahn Waax («Zorro de Pecho Blanco»), y su firma ha sobrevivido pintada en las paredes del sitio arqueológico de Xultún, en la selva de Guatemala.
Estructura 10K-2 de Xultún: La pizarra de una élite intelectual
El hallazgo no se localizó en una estela monumental concebida para la propaganda política de la corte, sino en el interior de la Estructura 10K-2, un recinto donde los astrónomos y escribas mayas trabajaban, ensayaban cálculos y preparaban los calendarios rituales y agrícolas.
En una de las paredes interiores, los investigadores han analizado lo que denominan el «Texto 19»: un microtexto que no narra victorias militares ni consagraciones reales, sino que registra una compleja fórmula astronómica y matemática. A diferencia de las inscripciones épicas de los monumentos oficiales, el Texto 19 presenta una secuencia de intervalos calendáricos y números idealizados concebidos como un ejercicio matemático puro y de predicción cíclica.
La arquitectura matemática del Texto 19
Para apreciar la aportación de Sak Tahn Waax, es necesario entender el problema al que se enfrentaba. La astronomía maya no buscaba describir órbitas geométricas en el espacio como la física helenística o moderna, sino encontrar la conmensurabilidad matemática entre múltiples ciclos independientes: el tiempo ritual, el año trópico y las revoluciones aparentes de los planetas visibles.
1. El marco base: El macro-período de 2.920 días
La ecuación completa del Texto 19 está calibrada sobre una ventana temporal exacta de 2.920 días (aproximadamente 8 años). Este número es uno de los ejes fundamentales de la cosmología mesoamericana porque resuelve de forma exacta la relación entre el Sol y Venus:
- 8 años solares (Haab', de 365 días): 8 × 365 = 2.920 días.
- 5 ciclos sinódicos de Venus (de 584 días): 5 × 584 = 2.920 días.
En los códices tardíos (como el famoso Códice de Dresde), este periodo suele presentarse de forma mecánica repitiendo cinco veces el ciclo simple de Venus. Sin embargo, Sak Tahn Waax no se limitó a copiar esta tabla estándar.
2. Las frecuencias entrelazadas: Venus y Marte
Lo verdaderamente innovador del Texto 19 es cómo subdivide y recompone ese lapso de 2.920 días. En lugar de limitarse a contar ciclos solares o de Venus, el matemático introduce en la misma ecuación la órbita de Marte y las unidades del calendario sagrado:
- El ciclo sinódico de Marte (780 días): Incorpora el periodo aparente del planeta rojo.
- El calendario ritual Tzolkin (260 días): 3 × 260 = 780, conectando la posición de Marte con la adivinación.
- El ciclo astronómico Tun (360 días) y la unidad base Winal (20 días).
Al descomponer el macro-período, la fórmula entrelaza de forma armónica 2 ciclos completos de Marte (1.560 días), 3 periodos Tun (1.080 días) y los 5 ciclos de Venus (2.920 días), distribuyendo una serie de fechas intermedias separadas por intervalos desiguales pero computacionalmente conexos.
3. Proporciones y patrones numéricos
Un detalle fascinante observado por los epigrafistas es la estructura de los multiplicadores empleados dentro de la ordenación interna de las sub-fases de la fórmula: 1, 1, 2, 3 y 5. Aunque los investigadores son cautos y no afirman que los mayas formularan explícitamente la sucesión de Fibonacci tal como se definió en Occidente, sí demuestra que Sak Tahn Waax utilizaba una progresión de proporciones numéricas elegantes para encajar los submúltiplos planetarios dentro del gran marco de 2.920 días.
«Zorro de Pecho Blanco», el reconocimiento de la autoría científica
El documento concluye con una firma de autoría directa que atribuye la autoría del cálculo a Sak Tahn Waax. En el periodo Clásico Maya (250–900 d.C.), aunque se conocen nombres de escribas y artistas inscritos en vasijas u obras escultóricas, la ciencia maya solía presentarse públicamente como un fenómeno ritual institucionalizado. La presencia de esta firma en una fórmula matemática demuestra dos aspectos clave:
- La existencia de autoría intelectual: El desarrollo de algoritmos astronómicos y tablas de conversión no era solo una tarea mecánica del estado, sino el producto del trabajo individual de sabios que reclamaban la propiedad de sus desarrollos.
- El espacio de trabajo como taller conceptual: La Estructura 10K-2 funcionaba como un espacio de investigación y borrador, una especie de «laboratorio» o «pizarra» precolombina donde se probaban ecuaciones antes de ser trasladadas a los códices o a la arquitectura pública.
La matemática como arquitectura de la realidad
Fechado en torno al año 781 d.C., el Texto 19 revela que los astrónomos de Xultún ejercían una matemática teórica: probaban nuevas vías algebraicas para expresar la misma armonía cósmica. Sak Tahn Waax diseñó un algoritmo elegante para coordinar a Venus, Marte, el Sol y el calendario sagrado en un solo bloque compacto de 11 glifos. Fue un logro intelectual tan propio y estilizado que decidió estampar en la pared la fórmula terminada con su firma: «Así lo dice Sak Tahn Waax».
Descubrir su firma nos devuelve la dimensión humana de la tecnología antigua: la certeza de que, tras los inmensos engranajes del tiempo maya, había personas con nombre propio sumergidas en la resolución de problemas abstractos, trazando con pincel sobre estuco los primeros algoritmos de América.
Referencia bibliográfica: Rossi, F. D., Stuart, D., & Hurst, H. (2026). The identification and work of an eighth-century Maya mathematician. Antiquity, 1-16. DOI: 10.15184/aqy.2026.10378
Imagen 1: recreación artística asistida por IA con fines ilustrativos y divulgativos
imagen 2: Atribución del matemático «Zorro de Pecho Blanco», utilizando la frase che-he-na seguida del nombre deletreado SAK-TAHN-wa-xi (fotografía multiespectral de G. Ware; dibujo de D. Stuart)


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