En las montañas del Cáucaso, en el actual territorio de Georgia, ha aparecido un objeto que está reabriendo uno de los debates más fascinantes de la arqueología: ¿cuándo y dónde surgieron los primeros sistemas de escritura?
La llamada tablilla del lago Bashplemi, estudiada recientemente por investigadores georgianos y europeos, contiene una serie de signos incisos que no encajan con ningún sistema conocido. No son cuneiforme, no son lineal A, no son glifos anatolios. Son otra cosa.
Y esa “otra cosa” podría cambiar nuestra comprensión de la comunicación simbólica en el Neolítico y la Edad del Bronce temprana.
Un hallazgo inesperado en un paisaje lacustre
La tableta procede de un entorno húmedo, cerca del lago Bashplemi, una zona rica en yacimientos prehistóricos. Su material, piedra pulida con incisiones finas, sugiere un objeto intencionalmente preparado, no un fragmento casual.
Los signos están organizados en líneas y grupos, lo que indica:
secuencia,
direccionalidad,
y posiblemente estructura sintáctica.
No es un garabato. No es decoración. Es información.
¿Escritura, protoescritura o notación?
Los especialistas plantean tres posibilidades:
1. Escritura plena
Un sistema capaz de representar lenguaje hablado. Poco probable, pero no imposible.
2. Protoescritura
Símbolos que representan conceptos, cantidades o categorías. Similar a los tokens mesopotámicos o a los signos de Tărtăria.
3. Notación especializada
Un registro técnico: inventarios, calendarios, marcadores rituales.
La organización de los signos sugiere intencionalidad comunicativa, pero aún no sabemos si codifican palabras o ideas.
El Cáucaso como cruce de caminos
El Cáucaso es una región clave entre:
Anatolia,
Mesopotamia,
la estepa póntica,
y el mundo iranio.
Durante el VI–IV milenio a. E. C., estas áreas intercambiaban:
obsidiana,
metales tempranos,
técnicas agrícolas,
símbolos.
La tableta de Bashplemi podría ser un producto de este entrelazamiento cultural, o incluso un sistema local independiente.
Comparaciones inevitables: Tărtăria, Vinča, Dispilio
La tableta recuerda a otros conjuntos de signos prehistóricos:
Los signos de Vinča (Balcanes)
Las tablillas de Tărtăria (Rumanía)
La tablilla de Dispilio (Grecia)
Todos comparten:
incisiones lineales,
organización en campos,
ausencia de desciframiento,
y un contexto neolítico o calcolítico.
¿Estamos ante una tradición simbólica paneuropea? ¿O ante múltiples invenciones paralelas?
¿Qué nos dice sobre la mente tecnológica antigua?
Aunque no sepamos leerla, la tableta demuestra:
capacidad de abstracción,
estandarización de signos,
transmisión cultural,
y necesidad de registrar información.
Es decir: tecnología cognitiva.
La escritura, o su antesala, no surge de golpe. Se construye con siglos de experimentación simbólica. Bashplemi es una pieza más de ese rompecabezas.
Es un recordatorio de que la historia de la escritura no es lineal ni exclusiva: es una constelación de intentos humanos por fijar el pensamiento en materia; y cada nuevo hallazgo nos obliga a reescribir la historia de la comunicación humana.
Fuente: Shengelia, R., L. Gordeziani, N. Tushabramishvili, N. Poporadze y O. Zourabichvili, O. 2024. “Discovery of Unknown Script Signs in Georgia: The Bashplemi Lake Tablet”. Journal of Ancient History and Archaeology, 11–3: 96–113. DOI: https://doi.org/10.14795/j.v11i3.1035


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