En la entrada del oasis de Fayum, a unos 90 kilómetros al sur de la meseta de Guiza, yace un lugar que podría cambiar por completo nuestra visión de la historia tecnológica y arquitectónica del Egipto antiguo: Hawara, el mítico laberinto de miles de salas que Heródoto describió como la mayor obra de la humanidad. A simple vista, el sitio está dominado por una gran pirámide de ladrillo crudo atribuida a Amenemhat III (XII Dinastía, Reino Medio). Pero bajo la arena, los textos antiguos y las prospecciones modernas coinciden en algo mucho más ambicioso: un gigantesco complejo subterráneo, el llamado “Laberinto de Hawara”.
Hoy, ese laberinto no solo sigue enterrado: está siendo destruido lentamente por el agua. El Hawara Project, coordinado por la Archaeological Rescue Foundation y la Mataha Foundation, propone algo tan técnico como urgente: detener el daño hídrico, acceder al complejo y documentarlo con precisión milimétrica antes de que sea demasiado tarde.
Hawara: un nodo entre ingeniería hidráulica y arquitectura monumental
Hawara se sitúa junto a un canal moderno construido en 1820. Ese canal, que alimenta la agricultura local, tiene un efecto colateral devastador: filtra agua hacia el subsuelo del yacimiento, inundando tanto la pirámide como las estructuras subterráneas asociadas. Muchas cámaras permanecen permanentemente anegadas.
Los autores del proyecto plantean Hawara no solo como un “templo” o “tumba”, sino como un archivo arquitectónico: un complejo de miles de cámaras, galerías, salas y pasillos, descrito por las fuentes clásicas como un museo de piedra, repleto de arte, inscripciones y registros de épocas aún más antiguas. Podríamos hablar de un sistema de preservación de conocimiento diseñado en piedra, con una envolvente arquitectónica que funciona como contenedor, filtro y, en teoría, protección a largo plazo.
El problema: el sistema hidráulico moderno que rodea el sitio está haciendo justo lo contrario de lo que pretendía el diseño original. Donde antes la sequedad del desierto momificaba madera y piedra, ahora el agua estancada acelera la degradación.
Cuatro (y pronto cinco) campañas de escaneo: radiografiar un laberinto invisible
Desde 2007, Hawara ha sido objeto de una serie de campañas de prospección geofísica y teledetección que, juntas, dibujan un mapa cada vez más nítido del laberinto enterrado.
1. Wroclaw–Cairo (2007–2009): localizar el “eje de entrada”
Equipo: Universidad de Wroclaw (Polonia) y Universidad de El Cairo.
Tecnología: radar de penetración terrestre (GPR) y sondeos de agua subterránea.
Resultados clave:
Identificación de un pozo de acceso bajo la pirámide, interpretado como eje hacia el laberinto.
Demostración de que la pirámide se extiende mucho más bajo la arena de lo que se creía.
Primer análisis sistemático del nivel freático mediante perforaciones estratégicas.
Aquí se combinan dos dimensiones típicas de la ingeniería de infraestructuras: cartografía estructural (dónde están los volúmenes construidos) y diagnóstico hidrogeológico (cómo circula el agua en el subsuelo).
2. Expedición Mataha (2008–2009): primeras “imágenes” del laberinto
Dirección: Louis De Cordier, con el Dr. Abbas Mohamed Abbas (NRIAG, Egipto) y la Universidad de Gante (Bélgica).
Tecnología: GPR y métodos electromagnéticos de subsuelo.
Resultados clave:
Visualización de patrones estructurales que encajan con la idea de un complejo subterráneo de gran extensión.
Estudios específicos sobre el nivel de agua subterránea y su impacto en las estructuras arqueológicas.
Los informes de NRIAG describen un subsuelo estratificado, con zonas saturadas de agua y otras relativamente secas, lo que refuerza la necesidad de una gestión fina del agua si se quiere acceder al laberinto sin destruirlo.
3. GeoScan (2014–2015): el laberinto visto desde el espacio
Dirección: Dr. Carmen Boulter, con apoyo de Louis De Cordier y otros colaboradores.
Tecnología: sistemas satelitales de radar y sensores remotos.
Resultados clave:
Modelo virtual de dos niveles del laberinto: uno superior inundado y otro inferior seco.
Confirmación de la enorme extensión del complejo y de la complejidad de sus niveles.
Aquí entra en juego la arqueología satelital: el uso de radar de apertura sintética (SAR) y otras técnicas para detectar estructuras enterradas a gran escala. Es, en cierto modo, una “tomografía” del paisaje.
4. Merlin Burrows (2015): un domo, barcos y un objeto metálico en el corazón del sistema
Dirección: Timothy Akers (Merlin Burrows), con participación de Louis De Cordier.
Contexto: resultados bajo acuerdo de confidencialidad durante diez años, liberados a partir de 2025.
Hallazgos descritos por Akers:
Un gran espacio central tipo atrio (aprox. 40 × 100 m), rodeado de cámaras en múltiples niveles (40, 60, 80 y 100 m de profundidad).
Un domo de dimensiones comparables a la cúpula de Santa Sofía en Estambul.
Dos barcos de madera completos, cerca de la superficie, similares en concepto a la Barca Solar de Keops, pero en zona de inundación.
Un objeto metálico de unos 40 m, con una firma material inusual, situado en el centro del gran atrio, interpretado como el “núcleo” simbólico y funcional del complejo.
Desde la perspectiva de la historia de la tecnología, este último punto es especialmente sugerente: un objeto metálico de gran tamaño, cuidadosamente encapsulado en un sistema arquitectónico de miles de cámaras, sugiere una intencionalidad de conservación y ocultamiento muy sofisticada.
5. Proyecto Khafre (previsto para 2026): hacia un escaneo de nueva generación
La Archaeological Rescue Foundation ha acordado con el Dr. Filippo Biondi, del Khafre Research Project, la realización de un quinto escaneo de Hawara una vez concluido su trabajo en Guiza. Este nuevo conjunto de datos, si se completa, podría ofrecer una resolución aún mayor y servir de base para un modelo integrado del laberinto.
El agua como enemigo silencioso
Todos estos escaneos coinciden en un punto: el laberinto existe, es vasto y está en peligro. El principal factor de riesgo es el agua procedente del canal moderno que cruza el yacimiento.
El plan maestro de preservación, redactado por Louis De Cordier y publicado en 2026, plantea una serie de medidas escalonadas:
Intervención sobre el canal:
Desviarlo alrededor del yacimiento a largo plazo.
En una fase inicial, sellar tramos con cemento y plantar vegetación (especialmente en el norte) para que las raíces desvíen parte del flujo de agua.
Gestión del nivel freático:
Una vez reducida la entrada de agua, bombear y drenar el exceso para permitir el acceso a las cámaras.
Mantener un equilibrio que no perjudique la agricultura local: bajar demasiado el nivel freático afectaría a los cultivos.
Excavación y acceso:
Desarenar y deslodar cámaras inundadas con equipos de excavación y un amplio equipo de trabajo durante varias temporadas.
Garantizar la presencia de arqueólogos, técnicos de conservación y seguridad en todo momento.
Documentación avanzada:
Antes de mover un solo objeto, crear un modelo fotogramétrico integral del complejo:
Medición precisa de cada cámara.
Captura 360° de superficies, relieves, inscripciones y elementos arquitectónicos.
El objetivo: un “gemelo digital” del laberinto, accesible para la comunidad científica y, potencialmente, para el público.
El coste estimado se sitúa en varios millones y el horizonte temporal en años, quizá décadas. Pero el beneficio potencial, no solo económico, sino cultural y científico, es enorme.
Significado cultural y tecnológico del laberinto
Las fuentes clásicas (Heródoto, Diodoro Sículo, Estrabón, Plinio, Pomponio Mela) describen el laberinto como una obra que supera incluso a las pirámides en complejidad y esfuerzo constructivo. Hablan de:
Miles de cámaras (Heródoto menciona 3.000, mitad subterráneas, mitad superiores).
Pasillos que se entrecruzan hasta el punto de hacer imposible orientarse sin guía.
Techos y muros de piedra monolítica, tallados con precisión.
Columnatas, patios, relieves y decoraciones que funcionaban como un recorrido simbólico y ritual.
Si tomamos estas descripciones en serio y las cruzamos con los datos de los escaneos modernos, Hawara se perfila como algo más que un “templo” o “tumba”:
Un sistema de información: miles de cámaras como “nodos” de un archivo físico, donde cada sala almacena textos, objetos, estatuas, mapas, quizá modelos técnicos.
Un dispositivo de control de acceso: la propia complejidad del laberinto actúa como filtro. Sin guía (humana o ritual), el sistema es prácticamente intransitable.
Un experimento de durabilidad: piedra, cámaras subterráneas, posible control del agua en origen; todo apunta a una obsesión por la durabilidad.
El laberinto de Hawara puede leerse como una infraestructura de memoria patrimonio de toda la humanidad: una arquitectura diseñada para preservar conocimiento, objetos y símbolos a lo largo de milenios, incluso a costa de volverse casi inaccesible.
¿Por qué importa Hawara hoy?
El Hawara Project plantea una idea de gran impacto: entrar en el laberinto; algo que podría ser un hito comparable, en términos simbólicos, al “pequeño paso” de la llegada a la Luna. No tanto por el espectáculo mediático, sino por lo que implicaría:
Confirmar (o refutar) la existencia de un archivo monumental de la Edad del Bronce.
Estudiar técnicas constructivas, logísticas e hidráulicas a una escala que hoy solo intuimos.
Revisar la cronología y la narrativa de la ingeniería egipcia, especialmente en lo relativo a grandes obras subterráneas.
Abrir un nuevo capítulo en la arqueología digital, con modelos 3D integrales de un complejo que los autores clásicos consideraban el mayor logro arquitectónico de la historia.
Al mismo tiempo, el proyecto obliga a una reflexión incómoda: nuestras infraestructuras modernas como canales, regadíos o carreteras pueden destruir, sin querer, sistemas mucho más antiguos y sofisticados. Hawara es un caso de estudio sobre cómo la ingeniería contemporánea debe aprender a convivir con la arqueología, no a pasar por encima de ella.
Un laberinto entre dos aguas
Hawara está literalmente entre dos aguas: la del canal moderno que lo inunda y la de la historia, que oscila entre el mito y la evidencia geofísica. El Hawara Project propone algo muy concreto: aplicar ingeniería, financiación y tecnología de imagen para sacar el laberinto de esa zona gris.
Si lo consiguen, no solo habremos rescatado un monumento. Habríamos recuperado un sistema de archivo diseñado hace casi cuatro mil años, y tendríamos la oportunidad de estudiarlo con herramientas que sus constructores no podían imaginar, pero quizá sí anticipar: mapas, modelos, reconstrucciones en otra forma de laberinto, esta vez digital.
Lo ideal sería que se pudiese traducir ese lenguaje de piedra, agua y arena a un relato comprensible sobre cómo las civilizaciones diseñan sus propias máquinas de recordar.
Fuente: Gserrassi, T. y De Cordier, L. 2026. "Hawara Project. Archaeological Rescue Foundation". URL: https://íaarchaeologicalrescue.org/2026/03/03/hawara-project/

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