El acicalamiento mutuo entre gatos, técnicamente conocido como allogrooming, ha sido interpretado de forma casi unánime en la literatura veterinaria y de comportamiento animal como una clara señal de afecto, cohesión social y apaciguamiento. Ver a dos gatos lamiéndose la cabeza o el cuello en el sofá de casa suele transmitirnos una imagen perfecta de armonía felina. Sin embargo, ¿cumple este comportamiento siempre una función puramente afable y pacificadora, o esconde matices más complejos en la dinámica social doméstica?
Un estudio publicado en la revista científica Applied Animal Behaviour Science profundiza en el papel social del allogrooming en gatos domésticos mediante la observación detallada de decenas de parejas felinas en sus propios hogares.
Una mirada objetiva a la interacción felina
Para entender la función real de este comportamiento, el equipo de investigación recurrió a la ciencia ciudadana, analizando grabaciones en vídeo de 53 parejas de gatos (106 individuos) convivientes en hogares convivientes. Aplicando un etograma estandarizado de 23 comportamientos específicos, los científicos examinaron no solo las zonas del cuerpo involucradas, sino las secuencias de conductas que preceden y siguen al acicalamiento.
A diferencia del autocuidado (autogrooming), que se distribuye de forma equilibrada por todo el cuerpo con fines higiénicos (con foco principal en el torso y las extremidades anteriores), el allogrooming se concentra de forma abrumadora en la zona de la cabeza y el cuello (presente en el 87,1% de los episodios) y las orejas.
Dos contextos, dos intenciones
Los análisis estadísticos revelaron que el acicalamiento mutuo no ocurre en un único contexto emocional. El estudio identifica dos situaciones claramente diferenciadas en las que los gatos recurren al allogrooming:
1. Vínculo social y filiación (Afecto verdadero)
En este escenario, el acicalamiento actúa como un auténtico reforzador del vínculo. Se caracteriza por:
Búsqueda mutua de contacto físico prolongado (como acurrucarse o huddling).
Sincronía en las posturas corporales (ambos gatos echados o sentados en la misma posición relajada).
Frecuente transición posterior hacia el juego social (lucha interactiva o wrestling), actuando el acicalamiento como un preludio lúdico.
2. Tensión social y gestión del conflicto
Sorprendentemente, el allogrooming también surge como una herramienta táctica en momentos de tensión o rivalidad. En estas situaciones, el comportamiento no refleja devoción, sino que funciona como una señal de apaciguamiento o incluso como una amenaza sutil (dominancia sutil). Se identifica por:
Posturas corporales asimétricas (por ejemplo, un gato erguido o inclinado sobre el otro).
Posición de las orejas rotadas hacia atrás.
Aparición de comportamientos de desplazamiento (señales de estrés fuera de contexto como lamerse los labios o sacudir la cabeza).
Alta probabilidad de derivar en respuestas agresivas o de rechazo (manotazos, mordiscos o interrupción abrupta de la interacción).
La importancia de la lectura corporal global
Los hallazgos de este estudio subrayan que el allogrooming no debe interpretarse como un acto aislado. La clave para descifrar si dos gatos están fortaleciendo su amistad o negociando un momento de fricción radica en la sincronía postural y en el conjunto de señales sutiles (orejas, mirada, postura general) que acompañan al lameteo.
Comprender que el acicalamiento social puede ser tanto una muestra de afecto sincero como un mecanismo para gestionar el estrés o marcar límites resulta fundamental para evaluar el bienestar real en hogares con varios gatos, ayudando a detectar tensiones crónicas antes de que escalen hacia conflictos abiertos.
Referencia: Van Belle, M., et al. (2026). Time budget and behavioural analysis of allogrooming in domestic cats (Felis silvestris catus) in multicat households. Applied Animal Behaviour Science. DOI: 10.1016/j.applanim.2026.106969.

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