La historia evolutiva de los ecosistemas terrestres acaba de dar un giro tan fascinante como inesperado gracias a un descubrimiento publicado recientemente en la revista Science Advances. Un equipo internacional de investigadores ha desenterrado en la formación Hujiersite, en la región china de Xinjiang, los trozos de ámbar más antiguos confirmados hasta la fecha. Datados en aproximadamente 385 millones de años durante el periodo Devónico Medio, estos fragmentos fósiles pulverizan el récord anterior por un margen de unos 65 millones de años. Lo verdaderamente revolucionario no es solo su veteranía geológica, sino lo que implican sobre los albores de la vida vegetal en la Tierra.
Química ancestral sin plantas con semillas
Hasta ahora, la sabiduría convencional dictaba que la capacidad de segregar resinas complejas a base de compuestos terpénicos, el precursor químico del ámbar, era un mecanismo exclusivo y avanzado de las plantas con semillas (espermatofitas). Sin embargo, al extraer y analizar meticulosamente 241 diminutos fragmentos de ámbar (de apenas 0,1 a 0,5 milímetros) incrustados en vetas de carbón mediante espectroscopia infrarroja y cromatografía de gases, los científicos descubrieron que su firma química es extraordinariamente similar a la de las resinas de las coníferas modernas y fósiles, a pesar de que en el Devónico Medio las plantas con semillas todavía no existían sobre la faz de la Tierra.
Los misteriosos arquitectos del ámbar primigenio
Este hallazgo apunta directamente a que la sofisticada maquinaria bioquímica necesaria para fabricar resina ya operaba en plantas vasculares sin semillas. Los principales sospechosos de haber segregado este fluido dorado primigenio son los progimnospermas, un grupo extinto de plantas precursoras que más tarde darían origen a las semillas, o bien los gigantescos licopsidos arborescentes de la época. Pero, ¿qué fuerza selectiva impulsó el desarrollo de una sustancia tan compleja antes de que los insectos herbívoros modernos comenzaran a amenazar masivamente el follaje?
Cicatrices y fuego en paisajes antiguos
Los investigadores sugieren que el propósito original de la resina no era el de servir como una trampa defensiva contra plagas devoradoras, puesto que el registro fósil de ataques intensivos de insectos es posterior. En su lugar, el motor evolutivo pudo ser la necesidad imperiosa de cicatrizar heridas físicas y sellar al organismo frente a patógenos fúngicos y, de manera muy significativa, los recurrentes incendios forestales que ya azotaban el planeta en aquellos paisajes primigenios. La naturaleza, en su incesante búsqueda de resiliencia, inventó el sellador biológico perfecto millones de años antes de que el primer dinosaurio caminara sobre el suelo terrestre, recordándonos que los secretos más profundos de nuestro pasado siguen esperando bajo las capas de carbón y piedra.
Fuente: Cihang Luo et al, The earliest amber from the Middle Devonian of China, Science Advances (2026). DOI: 10.1126/sciadv.aeh1266
Imagen: recreación artística asistida por IA con fines ilustrativos y divulgativos

Comentarios
Publicar un comentario