La alfabetización no solo permite decodificar símbolos escritos; también modifica la manera en que el cerebro procesa el lenguaje hablado. Aunque el habla es una capacidad humana ancestral, la lectura es una invención cultural reciente que reorganiza redes neuronales preexistentes. Estudios previos han mostrado que aprender a leer produce cambios estructurales y funcionales en el hemisferio izquierdo, especialmente en regiones vinculadas al reconocimiento visual de palabras y al procesamiento fonológico. Sin embargo, aún se sabe poco sobre cómo la alfabetización influye en la percepción auditiva del lenguaje.
Un nuevo estudio realizado en São Paulo aporta evidencia decisiva. Los autores compararon adultos mayores alfabetizados, adultos mayores funcionalmente analfabetos y adultos jóvenes con alta educación, utilizando una tarea de monitoreo de palabras durante la escucha de narraciones. El objetivo era determinar si la capacidad de detectar secuencias fonológicas,especialmente en un idioma desconocido, depende de habilidades desarrolladas a través de la lectura.
Los resultados fueron claros: los participantes analfabetos mostraron grandes dificultades para identificar palabras objetivo en una lengua desconocida, mientras que los alfabetizados lograron hacerlo con mayor precisión. Esta diferencia conductual se reflejó en la actividad cerebral: los adultos analfabetos no activaron el giro frontal inferior derecho, una región que el estudio identifica como crucial para el análisis fonológico explícito.
El experimento: portugués frente a japonés
La lectura entrena nuestra conciencia fonológica, es decir, la capacidad de descomponer y manipular conscientemente los sonidos (fonemas y sílabas) que forman las palabras. Quienes no han aprendido a leer suelen tener serias dificultades para repetir palabras inventadas, ya que les cuesta representar secuencias de sonidos abstractas.
Para comprobar cómo se traslada esto al cerebro, los participantes escucharon varias narraciones mientras realizaban una tarea de monitorización de palabras bajo el escáner de resonancia magnética funcional (fMRI):
En portugués (lengua nativa): Una tarea sencilla gracias al apoyo del significado y el contexto semántico.
En japonés (lengua desconocida): Un reto complejo donde no hay significado disponible y que obliga al cerebro a realizar un análisis fonológico puro y explícito.
Detección de tonos: Utilizada como condición de control básico.
Los resultados conductuales fueron contundentes. En su lengua nativa, todos los grupos rindieron a un gran nivel. Sin embargo, solo los adultos alfabetizados (tanto jóvenes como mayores) fueron capaces de detectar las palabras objetivo en japonés. Los adultos analfabetos fallaron casi por completo en esta condición, demostrando que el éxito en un idioma desconocido correlaciona directamente con el nivel de alfabetización funcional.
Lo que revelaron las imágenes cerebrales
El análisis mediante fMRI arrojó dos conclusiones principales, separando el efecto del envejecimiento del efecto de la educación:
El factor edad: Al escuchar ambos idiomas, los adultos mayores alfabetizados mostraron una mayor activación en las redes sensorimotoras que los jóvenes. Esto coincide con la literatura científica previa: a medida que envejecemos, el cerebro recluta más recursos de forma cooperativa para compensar el desgaste natural.
El factor educación (el hallazgo central): Durante la tarea en japonés, los adultos analfabetos mostraron una nula activación en el giro frontal inferior derecho (rIFG), una región homóloga al área de Broca que interviene en el análisis fonológico explícito. Por el contrario, los dos grupos alfabetizados activaron esta zona con fuerza.
Esto demuestra que la activación del rIFG no es una capacidad innata o universal del cerebro humano, sino un nodo crítico que se desarrolla y especializa tras años de educación formal y práctica de la lectura.
Un problema cotidiano con impacto global
Más allá de la neurociencia pura, este estudio tiene una profunda relevancia social. El analfabetismo funcional sigue siendo una realidad invisible en muchas partes del mundo, incluso en entornos urbanos y países en desarrollo.
Comprender cómo la educación altera la biología de la percepción humana es fundamental por tres razones: ayuda a interpretar correctamente los estudios de neuroimagen (que suelen hacerse solo en entornos universitarios), permite diseñar mejores intervenciones educativas y nos obliga a comprender la verdadera diversidad cognitiva de la sociedad.
En definitiva, la seguridad y la forma en que escuchamos el mundo no dependen solo de la salud de nuestros oídos, sino de las herramientas culturales con las que hemos entrenado a nuestra mente. La lectura, resulta, también se escucha.
Fuente: Nucci, M.P. et al. (2025). Literacy modulates engagement of the right inferior frontal gyrus in phonological processing of spoken language. Cortex. DOI: 10.1016/j.cortex.2025.12.007

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