Si mencionamos al género Cordyceps, la cultura popular suele evocar de inmediato los escenarios distópicos de infecciones globales o los escalofriantes documentales de la naturaleza donde esporas parásitas secuestran el sistema nervioso de los insectos. Sin embargo, la ciencia real ha dado un giro inesperado a su reputación. Un equipo de investigadores de la Academia China de las Ciencias ha publicado en Science Advances un avance que borra la línea entre la ropa que vestimos y un organismo vivo: la creación de tejidos vivos programables utilizando Cordyceps militaris vivo. A diferencia del cuero vegetal o de los biomateriales fúngicos tradicionales, en los cuales el hongo muere durante los procesos térmicos o químicos de secado y prensado, este nuevo material conserva células viables en su interior. No es un sucedáneo inerte, sino un ecosistema microbiano controlado que puede crecer, adaptarse e interactuar con su entorno.
Cómo se cultiva una prenda
La fabricación de este tejido rompe por completo con los paradigmas tradicionales de la industria textil basada en el hilado, el tejido o la síntesis petroquímica, siguiendo una lógica puramente orgánica. El proceso comienza cultivando el Cordyceps militaris en medios líquidos donde forma de manera natural pequeñas estructuras esféricas o gránulos de micelio entrelazado. Estos gránulos se recolectan, se lavan y se depositan en moldes con la geometría deseada. Al someterlos a un secado controlado a baja temperatura, las hifas se adhieren y se entrelazan de forma natural entre sí, creando una lámina continua sin necesidad de adhesivos sintéticos ni prensado en caliente masivo. Para evitar que la estructura resultante sea rígida o quebradiza, se introduce glicerol como agente plastificante, un compuesto que relaja la tensión molecular en las paredes celulares del hongo y dota a la lámina de una flexibilidad que le permite doblarse, enrollarse y estirarse sin fracturarse.
¿Qué puede hacer un tejido vivo?
Al mantener la viabilidad celular, el material adquiere capacidades dignas de la ciencia ficción, como la autoreparación biológica. Si el tejido sufre un desgarro o corte, la aplicación de unas pocas gotas de humedad combinada con nutrientes permite que las hifas latentes despierten y vuelvan a crecer, de modo que el micelio sella la herida conectando los bordes seccionados. Los ensayos demuestran que, tras múltiples ciclos de corte y reparación, el material conserva una parte significativa de su resistencia original. Además, en lugar de recurrir a tintes químicos contaminantes, el equipo ha empleado levaduras genéticamente modificadas para que produzcan pigmentos directamente sobre el tejido en tonos azules, naranjas o púrpuras, integrando la paleta cromática a nivel biológico. A esto se suma que el crecimiento superficial de micro-estructuras fúngicas repele el agua de manera natural y puede incorporar propiedades de protección contra la radiación ultravioleta, ofreciendo una biodegradabilidad extrema que hace que el material prácticamente desaparezca por completo en aproximadamente cuarenta y un días cuando se entierra.
Desafíos y perspectivas en el horizonte
Aunque ya se ha logrado confeccionar un prototipo funcional como un vestido experimental, los propios investigadores señalan que este tipo de tejidos es ideal actualmente para aplicaciones de ciclo corto, embalajes avanzados o textiles de exposición, más que para el uso diario e intensivo a largo plazo. La posibilidad de programar funciones biológicas mediante la introducción de microbios adicionales abre una puerta fascinante hacia un futuro donde la tecnología de consumo y la ecología de materiales convergen en prendas que no solo reducen la huella de carbono, sino que participan activamente en los ciclos biogeoquímicos del planeta, recordándonos que no estamos vistiendo una tela sintética, sino llevando puesto un pequeño jardín controlado que sabe repararse a sí mismo cuando se le da una oportunidad.
Fuente: Ke Li et al, “A programmable fungal platform for engineered living textiles”. Science Advances, 2026, DOI: 10.1126/sciadv.aed6937
Imagen: La plataforma textil micelar combina la integridad estructural de los gránulos de C. militaris con funciones metabólicas programables procedentes de microbios modificados. (A) Esquema del proceso de fabricación que muestra el autoensamblaje de los gránulos en películas. El tejido vivo resultante exhibuje distintas funcionalidades, incluyendo (B) autopigmentación lograda mediante levaduras modificadas que producen pigmentos naturales; (C) propiedades de autolimpieza proporcionadas por micelios aéreos estructurados e hidrófobos; y (D) protección intrínseca contra la radiación ultravioleta (UV) atribuida a las hifas aéreas ricas en melanina. Esta plataforma puede personalizarse aún más mediante estrategias adicionales de funcionalización, lo que permite diversas aplicaciones que van desde textiles sostenibles hasta materiales bioingenierizados avanzados. Crédito de la ilustración: L. Chen.

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