Del Día de Todos los Santos a Halloween o una historia de difuntos, tradiciones y memoria en la España peninsular y Canarias
Cada año, cuando octubre llega a su fin, las calles se llenan de calabazas sonrientes, esqueletos, brujas y vampiros. Los niños se disfrazan, llaman a las puertas para pedir golosinas y los escaparates se transforman en pequeños escenarios de terror. Halloween parece haberse convertido en el gran protagonista de la noche del 31 de octubre. Sin embargo, mucho antes de que las películas estadounidenses popularizaran esta celebración, en España ya existían numerosas costumbres relacionadas con la muerte, el recuerdo de los seres queridos y la llegada del otoño. Porque detrás de las calabazas y los disfraces hay una historia mucho más antigua y compleja, en la que se mezclan creencias religiosas, antiguas celebraciones estacionales, supersticiones populares y tradiciones familiares. Y si hay un lugar donde esta historia merece una atención especial, ese es Canarias, donde la Noche de los Finaos o Finados* conserva una manera propia de acercarse a la muerte: reuniéndose, compartiendo comida...