Cuando pensamos en el origen de los túneles subacuáticos, la historia oficial nos remite de inmediato al siglo XIX. En concreto, al Thames Tunnel de Londres (1843), la monumental obra de Marc e Isambard Kingdom Brunel que tardó 18 años en completarse gracias a la invención del escudo de tunelación. Sin embargo, si echamos la vista atrás unos tres milenios, los textos clásicos nos hablan de una proeza técnica que haría parecer a los ingenieros victorianos meros aficionados: el túnel del Éufrates.
De acuerdo con los relatos de historiadores de la antigüedad, Babilonia estuvo dividida en dos por el cauce del río Éufrates. Para conectar el palacio real en una orilla con el gran templo en la otra, se habría diseñado un pasadizo subterráneo de más de 900 metros de longitud, lo suficientemente ancho para el tránsito de peatones y carros.
Si existió, no solo habría sido el primer túnel subacuático de la humanidad, sino una obra de ingeniería que tardaría casi tres mil años en ser replicada.
Las crónicas de la antigüedad
Las principales referencias a este megaproyecto provienen de dos fuentes grecorromanas:
Diodoro Sículo (siglo I a. C.): En su Bibliotheca Historica, atribuye la construcción a la legendaria reina Semíramis. Diodoro describe cómo se desvió temporalmente el curso del río Éufrates hacia un enorme lago artificial. Con el lecho seco, los babilonios excavaron una zanja, levantaron una estructura de bóveda con ladrillos cocidos y sellaron las paredes con una capa de cuatro codos de espesor de betún (asfalto natural) para impermeabilizarla. Una vez completada, el río volvió a su curso original sobre el túnel. Según Diodoro, toda la obra se ejecutó en solo 260 días.
Filóstrato de Atenas (siglo III d. C.): En la Vida de Apolonio de Tiana, relata una historia similar pero menciona a una reina llamada Medea. Describe cómo las paredes de ladrillo y cobre se sellaron con una resina que se endurecía al entrar en contacto con el agua del río.
Ingeniería de vanguardia: el método "falso túnel"
Lo fascinante desde el punto de vista técnico es que la metodología descrita por Diodoro no es otra que el falso túnel o método cut-and-cover (corta y cubre). Se trata de una técnica totalmente válida y empleada hoy en día para la construcción de metros y pasos subterráneos en ciudades de todo el mundo:
Desviación del cauce: Intervenir el flujo del río mediante presas temporales.
Excavación a cielo abierto: Cavar la zanja en el lecho seco (unos 3,6 metros de alto por 4,6 metros de ancho).
Mampostería e impermeabilización: Construir la bóveda con ladrillo y usar betún, un recurso abundante en Mesopotamia, como aislante térmico e hídrico.
Reconstrucción: Cubrir la estructura con tierra y devolver el río a su lecho original.
¿Ficción histórica o realidad arqueológica?
Pese al nivel de detalle con el que las fuentes antiguas describen la obra, la existencia real del túnel del Éufrates se mueve en esa misma frontera difusa entre el mito y la historia donde descansan los Jardines Colgantes de Babilonia.
Si analizamos el proyecto desde el punto de vista técnico, la viabilidad de la obra no es descabellada. Los babilonios eran auténticos maestros de la ingeniería hidráulica, dominaban la desviación de grandes cauces mediante canales y utilizaban habitualmente el betún como mortero impermeable. Sin embargo, la balanza empieza a inclinarse hacia el mito cuando examinamos los plazos de ejecución: completar más de 900 metros de túnel subacuático en apenas 260 días, y sin la ayuda de tecnología moderna, suena más a una exageración épica de los historiadores clásicos que a una cifra realista.
A esto se le suma la falta de evidencia arqueológica. Hasta la fecha, no se ha hallado ni un solo resto físico que confirme su existencia en las ruinas de Babilonia, una búsqueda que se ha vuelto aún más compleja debido a las profundas alteraciones del terreno sufridas durante los conflictos bélicos en la región. Por último, las incoherencias cronológicas terminan de sembrar la duda: algunos relatos antiguos atribuyen la construcción del túnel a fechas cercanas al 2180 a. C., una época en la que Babilonia ni siquiera se había erigido como la gran metrópolis que hoy conocemos.
El legado de una idea
Tanto si fue una infraestructura real sepultada por el limo del río como si se trató de una leyenda alimentada por la fascinación romana hacia Oriente, el túnel del Éufrates demuestra que las grandes preguntas de la ingeniería civil, cómo conectar dos márgenes separadas por el agua sin interrumpir el flujo, ya estaban sobre la mesa hace miles de años.
La idea de vencer a la naturaleza desviando su curso para construir bajo tierra permaneció en el imaginario colectivo hasta que la Revolución Industrial ofreció la tecnología necesaria para materializarla.

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