El cacao es uno de esos cultivos donde la historia, la botánica y el consumo humano se cruzan de forma fascinante. Aunque tendemos a asociar el chocolate con las grandes plantaciones o las marcas comerciales, su origen biológico se remonta a la cuenca amazónica, donde las plantas silvestres y tradicionales han acumulado una diversidad genética espectacular a lo largo de milenios.
Un estudio publicado recientemente en la revista PLOS ONE por un equipo multidisciplinar de investigadores ha analizado el perfil genético de cientos de árboles de cacao tradicionales en diversas regiones de Perú, revelando un panorama mucho más rico y complejo de lo que se conocía.
Más allá de los diez grupos tradicionales
Hasta hace relativamente poco, la clasificación científica del cacao (Theobroma cacao) se estructuraba en diez grandes grupos genéticos o poblaciones de referencia (entre las que se encuentran variedades bien conocidas como Criollo, Amelonado, Nacional o Marañón). Sin embargo, las zonas rurales y los territorios indígenas de la Amazonía peruana albergaban sorpresas.
Analizando casi 400 muestras de árboles de cacao de más de 50 años de antigüedad, conservados por agricultores locales en departamentos como Amazonas, Cusco, Ayacucho o Piura, mediante marcadores moleculares SNP (polimorfismos de nucleótido único), el equipo de investigación identificó cuatro nuevos linajes genéticos independientes.
Estos nuevos grupos ampliados aportan matices clave sobre cómo se ha distribuido y cruzado esta especie en la región:
Relación con poblaciones conocidas: Se identificaron linajes autóctonos vinculados a variedades locales como el cacao Chuncho en el sur de Perú o las variedades del departamento de Amazonas (como el grupo Awajun).
El enigma del clon CCN 51: El estudio arrojó luz sobre la composición de la variedad comercial CCN 51, un clon de altísima productividad muy extendido en América Latina. El análisis genético reveló que su ascendencia es una mezcla compleja compuesta principalmente por un 45 % de linaje Awajun, un 25 % de Iquitos, un 15 % de Amelonado y un 13 % de Criollo.
¿Por qué es importante este hallazgo?
Descubrir y catalogar nuevos linajes no es un simple ejercicio de taxonomía vegetal. Conservar la diversidad genética in situ, en las propias parcelas de los agricultores tradicionales, y en bancos de germoplasma es fundamental por varias razones:
Resistencia a plagas y cambio climático: Los linajes antiguos y silvestres suelen guardar claves genéticas para resistir enfermedades fúngicas o adaptarse a variaciones de temperatura y sequía.
Perfiles de aroma y sabor: Perú es uno de los principales exportadores mundiales de cacao fino de aroma. Comprender la genética única de variedades locales como el Chuncho permite proteger su denominación, poner en valor el trabajo de las comunidades indígenas y mejorar la calidad organoléptica en la industria del chocolate de alta gama.
Conservación de la biodiversidad: Identificar qué regiones albergan la mayor pureza o singularidad genética ayuda a priorizar esfuerzos de conservación frente a la deforestación o la sustitución por monocultivos homogéneos.
Este tipo de investigaciones demuestra que, incluso en cultivos que llevamos consumiendo durante siglos, la naturaleza y la agricultura tradicional aún guardan secretos genéticos capaces de transformar nuestro conocimiento científico.
Referencia: Motilal, L. A., Calderon, M. S., Bustamante, D. E., et al. (2026). Genetic structure of traditional cacao reveals four new genetic lineages in indigenous Amazonian sites in Peru. PLOS ONE, 21(7), e0351690.

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