Durante más de un siglo, el Diplodocus ha sido uno de los titanes indiscutibles de la cultura popular. Desde que sus primeros fósiles fueron descubiertos en Estados Unidos en 1878, asumimos que este gigante de cuello largo y cola de látigo era un habitante exclusivo del Jurásico norteamericano. Sin embargo, la paleontología acaba de reescribir ese capítulo del mapa prehistórico desde tierras aragonesas.
Un equipo de investigadores de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis ha publicado un estudio crucial en la revista científica Journal of Vertebrate Paleontology: los fósiles hallados en el yacimiento de La Tejería (El Castellar, Teruel) corresponden a la primera evidencia sólida del género Diplodocus fuera de Norteamérica.
El espécimen estudiado habitó la Península Ibérica hace unos 150 millones de años, hacia el final del periodo Jurásico. El conjunto de fósiles recuperados consta de:
- 14 vértebras correspondientes a la región media y posterior de la cola.
- Varios chevrones (huesos en forma de 'V' o arco que se articulan en la parte inferior de la cola).
Aunque no se conserva el esqueleto completo, los análisis anatómicos revelaron rasgos inconfundibles de la anatomía diplodócida: grandes cavidades neumáticas en las vértebras, centros vertebrales alargados sin crestas laterales, profundos surcos en la superficie inferior y chevrones bifurcados. Todo ello ha permitido clasificar el espécimen como Diplodocus sp.
Un puente faunístico a través del proto-Atlántico
Con una longitud estimada de unos 25 metros, este Diplodocus se suma a la fascinante lista de gigantes que poblaron Teruel, compartiendo entorno con saurópodos autóctonos como Turiasaurus o Losillasaurus.
Más allá de su impresionante tamaño, el auténtico impacto científico radica en lo que implica para la biogeografía del Mesozoico. Hace 150 millones de años, el Océano Atlántico apenas comenzaba a abrirse. La presencia del mismo género de dinosaurio tanto en la Formación Morrison (EE. UU.) como en la cuenca de Teruel evidencia que existían rutas de dispersión e intercambio faunístico entre América del Norte y Europa antes de que la deriva continental aislara definitivamente ambas masas de tierra.
Se trata de uno de los diplodócidos más completos descubiertos hasta la fecha en Europa y constituye la primera evidencia de este género fuera de Norteamérica. afirma Sergio Sánchez Fenollosa, investigador de la Fundación Dinópolis y primer autor del estudio.
Los restos fósiles de este espécimen ya forman parte del patrimonio exhibido en el Museo Aragonés de Paleontología en Dinópolis (Teruel), consolidando a la región como un enclave fundamental para reconstruir la historia evolutiva de los dinosaurios.
Fuente original y referencia científica: Agencia SINC / Journal of Vertebrate Paleontology.
Imagen 1: Ilustración de diplodocus. / Carmelo López del grupo de investigación FOCONTUR.
Imagen 2: Vértebras de la cola del Diplodocus de El Castellar (Teruel, España) junto con una figura indicando en oscuro los fósiles estudiados. / Dinópolis

